Si los cuerpos, si límites… (Basilio Pozo-Durán)
Que no es amor, que sólo vendimos los cuerpos. Aunque no le pusimos precio, sólo hicimos el acto capitalista, la compra-venta de dos mercancías llamadas cuerpos. No salimos a la calle a intercambiar nuestros bienes en el libre mercado, lo hicimos en la intimidad de una habitación, pero aún ahí ofrecimos nuestros cuerpos al mejor postor, al otro cuerpo que más placer le podría sacar. Sí, compra-venta de los cuerpos.
Y ese acto capitalista no cae en desuso, al contrario, crece, se expande, toma nuevos tiempos y espacios, toma otros escenarios de nuestras rutinas hasta ahora asexuados. La presentadora del informativo, el número uno del deporte de moda, el chico que anuncia ese coche, el cartel de los helados y el cantante de la última canción de la campaña de rebajas. Espacios atemporales, deslocalizados, casi inmateriales, fugaces, fragmentarios, que se llenan de cuerpos y más cuerpos.
Pareciera que esos espacios expanden hasta casi el infinito los límites antes tan estrechos de los cuerpos. Y estás a miles de kilómetros. Pero tú y yo tenemos una cámara, un ordenador, teclado, micrófono. Y nos conectamos (que no relacionamos) habitualmente. Y nuestro sonido y nuestra imagen, con sólo nuestros cuerpos (cuerpos, nada más) se materializan en ese espacio que no está en ningún lugar y que no viene desde ni va hacia ningún momento más allá de la propia conexión.
Con los cuerpos ofrecidos, adquiridos (la compra-venta) pronto acuden a nuestra materia todo el deseo, todo el disfrute, todo el placer, todo el orgasmo, toda la pasión. Y alrededor de tu cuerpo y del mío no está ni mi cuerpo ni el tuyo. No hay nada. Sólo otras materias, sólo objetos. Y esa pantalla vuelve a ser sólo materia asexuada, inanimada, cuando hace tan sólo un instante era todo: era cuerpo, cuerpo, cuerpo y más cuerpo. Y más cuerpo. Sin límites. Todo cuerpo.
(Pensando si los cuerpos, si límites…)

Me gusta, pero afortunadamente aún necesito los olores, los sabores, la suavidad de una piel… No creo que sea compra venta, no buscamos el mejor postor, elegimos lo que el instinto nos lleva. Y eso está bien, es la libertad.Tampoco es un acto capitalista, amarse, desearse, investigarse no tiene ideario y menos de derechas, es nuestra rama más primitiva y más buena.
Gracias por asomarte a mi blog.
Puede que llegue un día en que incluso echemos de menos ese momento por ti descrito, en el que sólo nos vemos y sentimos unos a otros como cuerpos. Para entonces, seremos aún menos: fotos, imágenes, líneas y colores, luz… “No te me entregues, no te quiero a ti ni a tu cuerpo en la alcoba: una foto, un holograma, una secuencia de vídeo… es lo que me satisface. Sin temperatura, sin respiración, sin sentidos… Real, en cuanto virtual…”. Cuando llegue ese momento, repito, tal vez añoremos el pasado, en que al menos éramos cuerpos, que ya es ser poco.¿Pasaremos por un estadio intermedio, en que nos reduzcamos a sexo, según he leído en otro texto tuyo?