15
feb
11

Explosión de ojos (Basilio Pozo-Durán)

Hago trenzas en tu sexo y tus pechos se ponen altos, de pie, para después sentarse a golpes sobre mi cara.

He probado todas las formas de ser mirado sin dejar de mirar yo. Y no encontré ninguna nueva hasta toparme con los suyos. ¡Qué ojos!

¿Por qué miró? No, no se tropezó con los míos. Mi-ró. Lo tiene que aceptar. ¿Y yo? Me pasaron como la ropa en los escaparates: todos iguales. Y mi mente los retuvo y desanduvo los pasos, para retroceder un poco y contemplarlos nuevamente, con más detalle.

Y llegar hasta el fondo sin dejar que mis manos te toquen. Con mi pene en tu sexo queriendo rozarte toda: hasta la garganta, la lengua, tus encías… Sentirlo como si fuera una boca infinita, un paladar insaciable, hecho para entrar y salir y entrar…

Me detuve, casi se perdía al final de la calle. Miré sin girarme del todo. Nunca estuve tan muerto de miedo, con mis piernas tan clavadas en el cemento. Inexplicables ganas de saberlo todo de unos ojos, de sólo unos ojos. Entonces el espacio de la ciudad se hizo vacío y sólo quedó sitio para buscarlos.

¿Te gustaría? Me gustaría. ¿Sí? Sí. Pero ahora acabo de encontrarlos y no puede ser.

Entonces me quedo quieto, me suspendo en algún lugar indeterminado entre sus ojos y tu sexo. Tú te agitas cada vez más y yo cada vez más rígido. Y ellos, sus ojos, llenando el vacío de esta habitación.

Lo siento, cariño, pero tengo que encender la luz. ¡No, por favor, no!

Los escuché explotarse uno a uno, como una sinfonía de eyaculaciones improbables que se hicieron imposibles.

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